Al ejercitarse con perseverancia en las artes marciales, los guerreros aprenden que el arte de la guerra es una técnica precisa. Esta práctica no tiene nada de misterioso o de confuso. Al permanecer con un espíritu atento, sin distraerse en ningún momento, afinando la percepción de la mente, concentrados en el ojo que observa y el ojo que ve, se llega al estado de vacío, donde no hay oscuridad ni es posible la confusión o el error.
Miyamoto Musashi