La pérdida de la oportunidad de ganar
Las dificultades en la definición o cierre del Partido
La pérdida de la oportunidad de ganar :
Presión del deseo: El sujeto desbordado por su propia ambición
En los momentos de la definición el peso de la presión se hace más intenso; y la presión es presión del deseo que puja por manifestarse de un modo atropellado y poco efectivo. El sujeto está presionado desde adentro. Se trata de la presión interior
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El tenis ha sido prodigo en situaciones donde en el tercer o quinto set un jugador que contaba con amplia ventaja, no logra definir y el rival silenciosamente se va agrandando y al modo de un subi-baja nuestro héroe desciende hasta el infierno de una no merecida derrota.
La primera señal de alarma es el nerviosismo, pero este término es muy impreciso, hay que desenmascararlo, Una de sus caras ocultas es el exceso de ambición de ganar. Incluso en la experiencia erótica el hombre amante sabe esperar y tiene el manejo de los tiempos en la definición de la situación, en suma sabe dirigir la escena. El bruto impetuoso rápidamente da fin a la situación dejándola abruptamente inconclusa.
Las dificultades en el cierre de los partidos constituyen uno de los
problemas más serios de los tenistas y de los golfistas
El momento del cierre es uno de los de mayor tensión y es evidente que hace falta un resto de potencia psíquica para poder hacerlo, de la misma forma en que hace falta un resto de fuerza física en el embalaje de maratón, remo o ciclismo en los momentos finales. Pero este resto psíquico debe estar organizado, sino es altamente perjudicial y se vuelve en contra del propio deportista. Hay tenistas que en los puntos clave arriesgan un drop (pelota corta) pero no lo hacen por una cuestión táctica, sino por pura ansiedad ya que no soportan la tensión de trabajar el punto para poder definirlo, hacen una especie de eyaculación precoz.
En los actuales niveles de competitividad, si el jugador no logra purificar el psiquismo de restos neuróticos no podrá desarrollar la auténtica personalidad del jugador exitoso; este nunca agregará las oscuras complicaciones del mundo interior a la difícil batalla que se libra en el mundo exterior.
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La final de fútbol o tenis son netamente diferentes, en una, con el partido a favor hay que hacer tiempo mientras que en el tenis hay que cerrar el partido con tiros que exigen precisión, seguridad y determinación. En estos momentos se incrementa la presión ya que el deseo se exacerba aumentando la excitación, esto juega definitivamente en contra. La tribuna lo manifiesta con todo tipo de desbordes anímicos, el televidente se levanta y no quiere mirar la ejecución del penal, está desbordado de ansiedad, pero el jugador, a diferencia del público, debe mantener la calma y el control del pulso.
El deseo bulle a todo vapor cuando está a punto de concretarse y esto genera angustia neurótica que se vivencia como angustia escénica ante la posibilidad de realización del deseo, cuando está a punto de concretarse, cuando llega el momento culminante donde se materializan todas las fantasías, instante siempre muy temido por el neurótico, y esta angustia está por detrás de los yerros de los momentos claves, de la falla imprevista en el desenlace del partido.
Por eso proponemos nuestra salida: una actitud opuesta al exceso de ambición a la que denominamos indiferencia instrumental y que merece ser estudiada cuidadosamente, nos ocuparemos de ella en otro capítulo.
Los estafadores utilizan el recurso de presentarle a la víctima una oportunidad fabulosa de compra, entonces la ambición nubla la mente del incauto y no lo deja pensar.
Otras veces ellos mismos son víctima de la ambición y entonces pierden. Muchos años atrás unos jugadores expertos ingresaban habitualmente al casino de Niza, dejaban una combi estacionaba en la playa del casino y ellos pasaban por micrófono los números que salían en cuatro mesas. En la combi se hacía una estadística y finalmente identificaban algunos números que se repetían en alguna mesa y al final del día apostaban fuertemente a ellos. Los descubrieron porque solían hacer saltar la banca obligando a cerrar la mesa, los perdió la ambición, o sea la presión interior.
Una crítica u objeción que se podría hacer al desarrollo de este ensayo sería preguntarnos con que fundamentos adjudicamos formaciones neuróticas tan destructivas o coercitivas a un deportista que ha alcanzado importantes niveles de reconocimiento o triunfo. La respuesta es la siguiente, estamos transportando desde la exageración de la patología severa, procesos psíquicos que en un deportista exitoso se encuentran mucho más disimulados pero que por más mínima cantidad que representen tienen la capacidad de operar al modo de un autoboicot o rival interior. Por otra parte nuestro parámetro de verificación no es el gran campeón sino el deportista corriente, haya éste llegado o no a desarrollar todo su potencial técnico. En muchas ocasiones se presentan casos donde el jugador no es un neurótico, pero tiene momentos neuróticos, que por más breves que sean pueden costarle un partido o un campeonato, particularmente si se falla en los momentos claves, cosa que diferencia al campeón del resto de los competidores.