El psicoanálisis y el deporte forman un matrimonio difícil o tal vez imposible. Pero aún al modo de los divorcios que dejan frases hirientes pero no por eso menos verdaderas, trataremos de rescatar algunas ideas que puedan sernos de utilidad. Podemos distinguir entre síntoma e inhibición, el primero es un agregado o una especie de cuerpo extraño en el psiquismo, como por ejemplo una fobia a los vuelos en avión, en cambio la inhibición es una disminución de una función psíquica. El deportista con problemas anímicos tiende a la inhibición, vale decir a una merma, deterioro o menoscabo en su capacidad de juego, una pérdida de eficacia generada por el nerviosismo en algunas situaciones críticas. Intentaremos relacionar estos eclipses del potencial competitivo con la agresividad, la angustia y el deseo.
Las oscilaciones de rendimiento
"Nunca estuvo tan oscuro como el instante previo al amanecer"
Sor Juana Inés de la Cruz |
¿Porqué motivo un jugador virtuoso o un equipo disminuyen su rendimiento en momentos claves del partido clave? ¿Qué hace que un jugador que en las prácticas no falla un solo penal sea capaz de desviarlo cuando se define un campeonato?
En principio existe una razón estructural, en el animal salvaje el instinto programa los movimientos y reacciones que tienden a ser constantes y eficaces. El tigre caza y corre de una determinada manera y el aprendizaje es mínimo en relación al programa que el instinto le determina. Las acciones de caza llevan el sello de fábrica. No da lugar a la inventiva propia.

En el ser humano el instinto se perdió definitivamente, a lo que quedó lo llamamos pulsión, impulso o también ello. A diferencia del instinto el programa no viene inscripto de fábrica, sino que se construye en la primera infancia mediante la familia. El psicoanálisis llama Complejo de Edipo a este proceso. Con la pulsión la inventiva y el desarrollo personal se potencian casi ilimitadamente. El instinto iguala a los individuos de una especie, la pulsión los diferencia entre sí.
El tema es que el ello tiene que ser articulado, ensamblado, direccionado, puesto a punto, programado, dirigido por el inconciente. La memoria inconciente organiza los movimientos específicos de cada juego, que son los aprendizajes concientes que luego se incorporan al psiquismo y posteriormente “salen solos”. También los conceptos estratégicos del juego se incorporan y luego salen espontáneamente. Son decisiones que se toman en milésimas de segundo. Pero esto no hace de una vez y para siempre, es una construcción que hay que realizarla todos los días. Es un trabajo de alta especialización que está expuesto a múltiples interferencias en el mismo inconciente, que es también la sede de nuestros conflictos psíquicos. Si esta zona creativa o inconciente está libre de embrollos anímicos, cosa que sucede muy pocas veces, el movimiento saldrá fluido y la eficacia psíquica puede alcanzar niveles inesperados. Pero no hay que protestar por esta dificultad, ya que este es el precio que se paga por la libertad. El animal salvaje es más eficaz, pero está programado por el instinto y eso es inmodificable, además la selva es como el duelo, al primer error se pierde la vida.
Por otra parte estamos acostumbrados a pensar a nuestra personalidad como algo definitivo y constante, y esto porque la equiparamos o confundimos solamente con el yo. Nuestra psiquis profunda es algo mucho mas inquieto y cambiante, con mucha más vida y creatividad, pero que al modo de un animal salvaje, muchas veces se niega a seguir los dictados del yo o la conveniencia de la realidad.









Los deportes que admiten una cuantificación objetiva muestran las diferencias de tiempo, distancia,
hoyos o altura entre los entrenamientos y las marcas efectivamente obtenidas en la competencia.
En pruebas de velocidad puede observase que un atleta capaz de cronometrar x segundos en los entrenamientos, el día de la competencia inexplicablemente retrasa su marcha subiendo su tiempo mientras otro se agranda aumentando su velocidad logrando bajar su marca. No hace falta recordar que aún las sutiles décimas de segundo pueden definir una competencia. Puede suceder lo mismo en pruebas de altura o lanzamiento.
Fundamentalmente mantendremos la interrogación sobre estas oscilaciones de rendimiento a lo largo de toda esta segunda y tercera parte del libro. Pero en principio existen varias respuestas posibles para estas oscilaciones, la primera es el nerviosismo, pero este término es muy impreciso, creo que en realidad es angustia y que el miedo debería llamarse angustia escénica.
® Gustavo Maure
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